Circuito de Animación Cultural Urbano

Este año, gracias a la aprobación del Ministerio de Cultura en la 1era. Convocatoria de Proyectos empezamos el 2014 de manera diferente, con un formato del Letratón, denominado: Circuito de Animación Cultural Urbano. Estas fotos son una “pista” de la Ruta Letratón 2014 que pronto comenzaremos a recorrer, llenos de arte, música y letras para todos. Más info en: http://www.letraton.blogspot.com

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La Virgen de La Altagracia y su peregrinación generacional.

Juventud, política, deporte y turismo cultural son algunos de los elementos adheridos en la contemporaneidad a esta devoción, como una conjunción de la “dominicanidad”.

Con este breve artículo pretendemos introducir un poco el tema de otras dimensiones culturales presentes dentro del colectivo de creencias y creyentes de la virgen de La Altagracia, la “madre de los dominicanos”; entre su dualidad, católica y popular, y dentro de aspectos a los cuales integra, tales como la política, el deporte, se unen también la diáspora, juventud, la música e incluso el turismo cultural. Esta peregrinación generacional ha sumado aun mas complejidad a la hibridez de la religiosidad popular dominicana.

Las maneras en cómo se asume una creencia es subjetivamente proporcional a como se sincretiza, secciona y revitaliza; en la historia de sociedades mulatas y altamente hibridizadas  culturalmente estas formas de creencia tienden a adecentar elementos socioculturales con los cuales no solo se unifican imaginarios de la religiosidad y cultura colectiva, sino también, símbolos locales, signos de identidad y nacionalismo.

Es sobre todo desde el aspecto generacional que podemos apreciar ciertas adhesiones al contexto religioso, sin que partan de la creencia o la fe;  tales casos se propician por factores como promesas, votos, ofrendas o costumbres familiares heredadas que con las migraciones,  urbanización de zonas rurales y nuevos hábitos culturales, las nuevas generaciones asumen e integran poco a poco, con lo cual la tradición adquiere otra connotación de identidad.

Un culto a la dominicanidad

Enero bien puede ser el mes de la patria, de la virgen, que como de “la pelota”, y no crea ningún conflicto de identidad en los dominicanos.

En los viajes a Higüey cada enero es cuando más se nota esta diferencia, es la ocasión en la que Salves y Palos retumban en la Basílica con algún fondo de Bachata, Merengue, Salsa o Dembow.

Los devotos se mezclan con los turistas y los establecimientos de los alrededores parecen estampas de tal diversidad, con vendedores de suvenires altagracianos, accesorios para la vestimenta, bebidas alcohólicas y comidas, carpas de CD de música variada y DVD de películas extranjeras y locales. Todo esto en un ambiente de socialización que converge con el religioso.

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Imágen: Periódico Hoy -2014-.

En esta temporada invernal de beisbol, en la que muchos dominicanos apuestan a sus equipos nacionales vimos una fotografía interesante, en la que se celebraba la victoria de un juego con la imagen de la virgen alzada.

A  diferencia de lo que se ha generalizado, las tradiciones religiosas y culturales dominicanas no desaparecen perse sino que sustituyen elementos por otros,  se apropian y se transforman con el tiempo. Este círculo sincrético se hace progresivo con la permeabilidad como único aspecto común.

Es precisamente esa permeabilidad la que propicia que las diferentes generaciones participen en la peregrinación y en las celebraciones a la virgen en distintas dimensiones.

Los Minas y San Carlos. Memoria de Barrio (part. 1)

Dos barrios emblemáticos de la ciudad de Santo Domingo son los protagonistas de esta primera parte de “Memoria de Barrio”, un especial del blog que esperamos les guste y compartan.

La relación cultural entre estos dos antiguos barrios de la ciudad de Santo Domingo es muy conocida, sobre todo por el deporte y la rivalidad entre sus equipos de basquetbol; pero ambos comparten mucho más que la historia contemporánea, remontándonos a los inicios de sus poblaciones durante la época colonial podremos conocer algunos  importantes aspectos.

Los Minas y San Carlos fueron fundados en el siglo XVII como barrios de las afueras de la ciudad colonial; uno en la margen oriental del río Ozama, y otro,  en una colina al norte, fuera de la muralla de la ciudad.

Lo poco que podemos percibir del pasado de estos barrios hoy en día está relacionado a su vida religiosa, al catolicismo y las creencias afrodominicanas. Los negros de Los Mina y los canarios de San Carlos nos parecen historias más lejanas de lo que en realidad son, escurridas entre siglos de grandes dificultades económicas en la colonia, nos estimulan a una necesaria reflexión.

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San Lorenzo de Los Minas fue poblado entre 1676 y 1677  por negros fugitivos y aceptados por las autoridades como libres;  se les dio el nombre de Minas, porque provenían en su mayoría del reino de Minas en la costa occidental de África.

Sus primeros pobladores  trabajaron en el amurallado de la ciudad y se dedicaron al cultivo de productos de conuco y a la confección de casabe, que solían ir a vender en Santo Domingo, trasladándose río Ozama abajo en sus canoas. Este núcleo de pobladores vivía alrededor de una rustica capilla que es construida hacia 1740.

La iglesia colonial de Los Minas que hoy conocemos fue construida posteriormente con mampostería y piedra y conserva los elementos arquitectónicos del siglo XVIII europeo.

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San Carlos de Tenerife, fue fundado en 1685 a partir de una autorización real de emigración de familias provenientes de las islas Canarias, principalmente de Tenerife, de ahí proviene su nombre.

Estos asentamientos se produjeron en una colina desde donde se visualizaba la ciudad, sus pobladores mayormente se dedicaban a labores agrícolas y con su producción abastecían en gran medida las necesidades alimentarias de la ciudad. Sus costumbres y cultura han sido reseñadas por varios historiadores, y su iglesia, recientemente restaurada es reconocida por su valor arquitectónico.

Esta es una edificación típica de finales del siglo XVII y comienzos del XVIII europeo, con un techo a dos aguas y frente plano, con una puerta en arco y una ojiva de forma redonda que permite la entrada de iluminación. Su frente y vigas laterales guardan similitud con la parroquia de Los Mina, así como algunos elementos de su interior y altar, más no su parte posterior.

Ambos barrios son hoy en día sumamente poblados, conociéndose muy poco entre sus habitantes la historia de sus orígenes. Sugerimos hacer sus visitas en fechas como la de las fiestas de La Candelaria, las patronales de San Carlos Borromeo y a la parroquia de San Lorenzo Mártir; así como escuchar expresiones de su folclor musical y religioso, específicamente de la Cofradía del Espíritu Santo de Los Mina, y las fiestas en honor a Candelo Sedifé.