Tambora, güira y acordeón en una odisea del espacio. Día Nacional del Merengue

El Día Nacional del Merengue se celebra hoy, 26 de noviembre, porque fue institucionalizado así,  mediante un decreto en honor a esta fecha que es en la cual aparece la primera publicación de la palabra merengue como referente musical en el periódico “El Oasis” en el año 1854.

Yoryi Morel, Fiesta Campesina, 1959. (Nótese la posición del tambor).
Yoryi Morel, Fiesta Campesina, 1959. (Nótese la posición del tambor).

En la ficción de esta historia no importa dónde, cuándo y cómo comienza el ritmo, en el Caribe… tal vez; así que nos ubicaremos en alguna enramada del sur de la República Dominicana o del Cibao en el siglo XIX, y nos colocaremos al lado de los músicos de vez en cuando, para verlos y conversar en lo que descansamos del baile, con el permiso del bastonero.

En esta enramada decimonónica dominicana se hacen estas bachatas, que son las fiestas rurales en las cuales se  toca un poco de mucho, varios estilos de música, con cuerdas, Tambora y Güira, alguna Gayumba o una Marimba. En otras enramadas ya se dice que ha llegado un nuevo instrumento, llamado Acordeón, que se está tocando mucho en las fiestas por el Cibao.

En esta época ni la Bachata era un género musical, ni el Merengue un solo ritmo; una cosa era fiesta y la otra podía ser carabiné o mangulina, pri pri o palo echao. Bailes que se entrelazan con las parejas, ritmos que van al pulso de los tiempos. Las fiestas campesinas del criollo, ni más.

En esta fantasía espacial No-Merengue-Centrista, el Tres, el Cuatro y la Guitarra no fueron desplazados por el acordeón de una vez, fue un proceso- como todo en la vida- más orgánico. Pero así como se levantaron voces a favor de la preservación de estos instrumentos cordófonos y hubo hasta una resistencia de la alta sociedad  que defendía la pureza y estética de las cuerdas como producto criollo, también se conocieron desdeñas contra el recién llegado acordeón, por su poca riqueza armónica dizque.

Volviendo a la realidad, en su libro “Una Centuria tocando acordeón: de Ñico Lora a Tatico Henríquez”, Pedro Carreras Aguilera apunta a que ciertos factores favorables propiciaron la rápida asimilación del acordeón a las músicas locales, entre estas: Fácil de aprender a ejecutar, Se prestó para musicalizar la copla, Se acomodó a la psicología del pueblo, Mayor amplificación que los instrumentos de cuerda, Portabilidad, Novedad, No requería del artesano.

Pero, digamos que entre esta realidad y nuestra ficción, ambos formatos instrumentales llegaron a coexistir, al mismo tiempo tal vez. Porque para todos los gustos hubo fiestas, con Cuatro o con Acordeón… o con los dos.

Lo que celebramos hoy es una historia, que no tiene (no tuvo) porqué ser LA historia, tampoco la nuestra, claro está; deben ser muchas de esas historias que no (nos) pudieron contar Toño Abreu, Ñico Lora o Ramón Madora.

En nuestra odisea espacial “Anti-Merenguecracia” las cuerdas resuenan aún, y nos remiten a un presente cotidiano, en alguna fiesta de Bachata en la línea noroeste, ¡bailando Merengue! Y es que ya lo decía Borges “La Historia Universal es la de un solo hombre”.

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