El colmado multicultural

El Colmado es uno de los espacios comerciales que más ha mutado con el tiempo.

De ser un ventorrillo de esquina a bodega de barrio, de colmado a colmadón, siendo esta última modalidad cada vez más difícil de definir, pues es un mix de licor Store, banca de apuesta, discoteca, karaoke, cafetería y a la vez de todas sus mutaciones anteriores.

A todo esto, cada modalidad anterior del colmado no ha desaparecido, estas conviven y comparten espacios mientras van creciendo y cambiando. Este ejemplo, es un colmado en Ciudad Nueva, tiene símbolos patrióticos dominicanos y estadounidenses, con una especie de Galería de líderes políticos, al frente tiene otro famoso comercio Bodega New Jersey.

En los colmados también se lee poesía, se hacen tertulias filosóficas y se han puesto a circular libros, son un dolor de cabeza urbanístico porque toman las aceras, calles y parques de sus alrededores, también son grandes contaminantes por ruido. Baní es su marca-pueblo y el delivery el New Urban Hero.

El guitarrista y compositor Arcadio E. Martínez lo describe así:

El colmado!!! Lupanar bendito, mitad banca, mitad bodega, discoteca y disquera la de la urbanidad, centro de orientación matrimonial, columna vertebral de lo que significa la dominicanidad y el criollismo , cambio, mezcla, caos , confusión desorden, amor, odio. Oasis del peatón castigado por el sol tropical, erguido al final de la cuesta coronando la esquina orgullosa con su musicon, no hay nada ni lo suficiente mente caro ni barato que no te provea, con el sabio y omnipotente comentario de su dependiente, que como un dios sin problemas le dice al cliente esperanzado….¨no te preocupes pana si no hay…..te lo conseguimo¨.

La eterna muchachada de la música urbana

Como un círculo eternamente joven, así se repiten las mismas muchachadas de los exponentes de la denominada música “urbana”.

Con poco tiempo de diferencia hemos podido ver como a Mozart La Para le conceden el premio por la excelencia de la juventud dominicana, al Lápiz lo captan en una fotografía compartiendo con su abuela y a La Insuperable exhibiéndose en un carnaval, y al final, todo es malo, todo es joven.

Las críticas y rechazo a la exponente “urbana” La Insuperable forman parte de un complejo entramado social y moral en el cual la audiencia de este tipo de música parece pedir demasiado y se ofende después que compra el producto. El símbolo de esta intérprete es precisamente su apariencia, nunca tanto su talento al cantar, componer o manejarse ante su público, que es el mismo que se hace el ofendido cuando estaba ahí esperando entretenimiento.

Al parecer a la música urbana siempre se le catalogará de joven, y a sus exponentes de que nunca maduran, o invierten (o revierten) su creatividad y juventud en otro nicho de mercado, otro estilo mediático o incluso otros  ritmos musicales; pero eso no es del todo cierto, pues sabemos que sí ha pasado, que algunos ya ni siquiera tienen relación con lo que fueron al inicio de sus carreras. Las marcas y eventos que los contratan también lo saben… ¿o no?

Pero ciertamente, por cada exponente que crece nacen diez y ahí vuelve y se inicia el ciclo de la “eterna juventud urbana”, un círculo comercial para lo cual funcionan las mismas muchachadas.