La eterna muchachada de la música urbana

Como un círculo eternamente joven, así se repiten las mismas muchachadas de los exponentes de la denominada música “urbana”.

Con poco tiempo de diferencia hemos podido ver como a Mozart La Para le conceden el premio por la excelencia de la juventud dominicana, al Lápiz lo captan en una fotografía compartiendo con su abuela y a La Insuperable exhibiéndose en un carnaval, y al final, todo es malo, todo es joven.

Las críticas y rechazo a la exponente “urbana” La Insuperable forman parte de un complejo entramado social y moral en el cual la audiencia de este tipo de música parece pedir demasiado y se ofende después que compra el producto. El símbolo de esta intérprete es precisamente su apariencia, nunca tanto su talento al cantar, componer o manejarse ante su público, que es el mismo que se hace el ofendido cuando estaba ahí esperando entretenimiento.

Al parecer a la música urbana siempre se le catalogará de joven, y a sus exponentes de que nunca maduran, o invierten (o revierten) su creatividad y juventud en otro nicho de mercado, otro estilo mediático o incluso otros  ritmos musicales; pero eso no es del todo cierto, pues sabemos que sí ha pasado, que algunos ya ni siquiera tienen relación con lo que fueron al inicio de sus carreras. Las marcas y eventos que los contratan también lo saben… ¿o no?

Pero ciertamente, por cada exponente que crece nacen diez y ahí vuelve y se inicia el ciclo de la “eterna juventud urbana”, un círculo comercial para lo cual funcionan las mismas muchachadas.

 

 

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